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Capítulo 3. Mareos.

Abrí la puerta. No tuve dudas. Un grave error, ya que repetidas veces me habían dicho que tenía que fijarme antes de abrir. Que tenía que estar segura de que podía abrir la puerta, que cualquier extraño podía entrar sólo si yo le abría la puerta. El poder lo tengo yo.  Se compara con la mente, con el corazón, nadie entra si no abro la puerta. El grave error estuvo en no comprobar que era el cartero. Yo esperaba que fuese el, pero no, nada de carteros, era Peter. Cuando lo vi quise cerrar la puerta, y lo intenté, pero Peter ya me había visto, y era tarde, muy tarde. Entrecerré la puerta y me quedé un poco escondida para preguntarle que quería - Nada Julia, yo sólo quería saludarte, ver si estabas bien. Me quedé helada. No quería empezar con nada. Me alcanzaba mi vida como para entretenerme, no necesitaba a alguien preocupándose por como estaba o qué. - No entiendo para qué. Gracias por preocuparte, estoy bien, pero necesitaría que te vayas. - No podría-dijo- tengo miedo de qu...

Suicidio.

- Es una estupidez.     Ella no para de repetírmelo. Yo no quiero hacerle caso. No me importa qué tan estúpido es lo que estoy a punto de hacer.  - Sí. -Contesté automáticamente.  - Pará con todo esto. No es necesario, sabés cuanto te quiero. - ella seguía dándome motivos para saltar de verdad.  Cada vez que miro abajo quiero saltar, sé que quiero, pero no sé que me detiene. No se ve fácil, es dar un paso más sólo eso, pero no lo consigo. Tengo la sensación de estar dejando atrás demasiadas cosas. Ella todavía llora. Es más que claro que no me importa, cuando todo se termine lo único que el cielo va a ver es a una joven estúpida, llorando, temblando de frío y de desesperanza, tan pequeña, sobre un simple edificio de 100 metros de altura, algo que no creo poca cosa. Es un buen lugar para morir, y un buena forma. 100 metros en el aire. 100 metros de caída. - En serio es una estupidez.  - Sé lo que es, y es mejor que lo que dejo. Entonces pensé en todo...

Capítulo 2. Él.

Cuando estábamos a punto de llegar, una cuadra antes, le pedí que se fuera. No quería enojar a nadie. No quería hacer ningún tipo de lío. No es culpa mía haber dormido en el bosque. Tenía que hacer de cuenta como si jamás hubiera pasado nada. No sé por qué mi hermana se había ido. Ya en la puerta busqué entre las plantas la llave de emergencia, siempre estaba ahí. Pasé por la puerta intentando no hacer ruido. Pero por más ruido que hiciera, él ya estaba ahí esperando. Puse cara de confundida, de desorientada. - ¿Dónde estabas?- Sentado en la mecedora me miraba esperando una respuesta con todas sus justificaciones. De brazos cruzados y con los ojos serios, volvía a usar esa postura que tanto me aterraba. Tartamudeé un poco. -Eh, a.. ayer corrí a.. al bosque. Me... Caí. Me desperté hace un rato- agregué estas ultimas palabras un poco más confiada.- y caminé hasta acá, me duele la cabeza. Me parece que me golpeé fuerte.- quería cambiar de tema. - ¿Por qué al bosque? Prohibido. - Su ca...

Capítulo 1. Razones.

Era tarde, ya casi las tres de la mañana, una noche como esas que dejan qué desear. Lluvia, trueno y relámpagos. Y para variar: estaba sola. Miré por la ventana y no podía soportar ver tanta agua corriendo. Me dolía la cabeza, quería seguir durmiendo, pero ya no podía, el ruido de la tormenta en las tejas me había despertado para no volver a dormirme. Cada minuto era mortal. Caminé hasta la puerta que no paraba de sacudirse por el viento. Cuando la abrí me arrepentí. Una ráfaga de viento voló uno de los jarrones viejos que había en la casa. No era importante, no era valioso, para nada, pero lo iba a extrañar creo, estaba acostumbrada a tenerlo ahí. Cerré la puerta y empecé a barrer los pedazos de cerámica color azul y ladrillo. Fue entonces cuando lo encontré. Un papel amarillento, con tinta que atravesaba de un lado a otro.  Se imaginan que la curiosidad me estaba matando. Era algo importante, quizá cambiaría mi vida, quizá no, pero ¿y si así lo hacía? Soy así, cualquier cosa ...

El motivo.

Es increíble, es lo que sigue creyendo, todo este tiempo y no pasa nada, todos esos "Te quiero" y nunca nada, todos esos abrazos que comunican nada más ni nada menos que amor puro. Él transmite paz con su mirada y refleja armonía su sonrisa. Ella, con su equilibrio perfecto entre su mirada y su forma de caminar. Pero NADA. Todas esas noches en las que ella se dormía pensando el él y el en ella, cada vez que se veían en un colectivo, caminando por la calle, incluso cuando ellos decidían compartir un momento por su propia cuenta, y iban a hacer un día de pic-nic a aquellos prados en el medio de algún bosque. Cada canción que cantaban juntos. Todo era amor.  A ellos los unía la música, incluso, se conocieron mientras cantaban la misma canción. Eran tan iguales. Los dos creían en el amor eterno, los dos amaban vivir la vida, ellos sólo querían estar juntos. Claro que él jamás se lo dijo a ella y ella jamás se lo dijo a él. Y ese fue el error, jamás hablaban de lo que sentí...

El arco iris

Si, fueron tres, todos iguales, uno atrás del otro, rojo, violeta, añil, amarillo y verde, magenta, también violeta. Todo eso tenían. Uno allá, en esa parte de mi vida donde había pocas nubes, no lo necesitaba, por eso fue tan corto el tiempo en que lo vi, era pequeño, salía desde atrás de las montañas, y terminaba casi en la ladera de las mismas, ya lo dije era pequeño, pero cruzaba las montañas que yo no podía, mas bien, me hizo conocer que no todo el mundo era gris, también, pintó un poco de mentiras la realidad, pero la felicidad que me proporcionaba era verdadera, no infinita, pero si verdadera. Hasta que me aburrió ver ese arco iris tan chico, entonces decidí buscar en otro horizonte, cuando deje de ver a lo pequeño, se apareció uno mas grande todavía, uno mas brillante, con colores mas definidos. Ocultaba casi todo lo gris, que en ese momento ya había aumentado, porque ellos, los que hacían del mundo un arco iris, se habían ido, arrancando todo su color y dejando tristeza...